“LA VIDA EN COMÚN” | Nihilismo, locura y comunidad

«Antes de ocuparme de algunas observaciones de Deleuze respecto de este tema, cabe hacer un desvío para situar la cuestión de la comunidad en un contexto más amplio. En La comunidad desobrada, Jean-Luc Nancy nos recuerda que, según la tradición teórica occidental, allí donde hay sociedad se ha perdido la comunidad. Quien dice sociedad ya dice pérdida o degradación de una intimidad comunitaria, de manera tal que la comunidad es aquello que la sociedad ha destruido. Es así como habría nacido el solitario, aquel que, en el interior de la sociedad, desearía ser ciudadano de una comunidad libre y soberana. Precisamente aquella comunidad que la sociedad arruinó. […] sería preciso desconfiar tanto de esta conciencia retrospectiva de la pérdida de la comunidad y de su identidad, como del ideal prospectivo que dicha nostalgia produce, y que acompañan a Occidente desde sus orígenes. En cada momento de su historia, Occidente se entrega a la nostalgia de una comunidad perdida, desaparecida, arcaica, y deplora la pérdida de una familiaridad, de una fraternidad, de una convivialidad. Lo curioso es que la verdadera conciencia de la pérdida de la comunidad es cristiana: la comunidad que añoran Rousseau, Schlegel, Hegel, Bakunin, Marx, Wagner o Mallarmé se piensa como comunión en el seno del cuerpo místico de Cristo. La comunidad sería el mito moderno de la participación del hombre en la vida divina. […] A lo que Nancy responde, simplemente: La communauté n’a pas eu lieu. La comunidad nunca existió. Ni en los indios Guayaqui, ni en el espíritu de un pueblo hegeliano, ni en la cristiandad … Nada se ha perdido, y por lo mismo, nada está perdido. Sólo nosotros estamos perdidos».

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